El policía de tránsito como agente de miedo y terror

Policía de Tránsito. Controles

Este lunes festivo, tras largas y duras horas de confrontación emocional, finalmente salí a probar alimento como a las 7 de la noche, ya que en mi casa estaba “el rancho ardiendo”, como dice correctamente mi amiga María Isabel Posada al referirse a la ausencia de comida en la nevera.

En el restaurante estaban dos caballeros de unos 65 y 70 años refunfuñando porque les habían impuesto un comparendo por estacionar en lugar prohibido frente a una clínica -nunca supe cuál- a donde habían llevando a una vecina de emergencia. Les salió caro el chistecito de ser buenos samaritanos.

En su diatriba sobre el diálogo inerte con el señor agente de Tránsito, le trataron de explicar las razones por las que habían dejado su vehículo desatendido tan solo  3 minutos, su acto de caridad, su valor ciudadano al llevar a una cuasi desconocida al médico.

Según ellos, el policía solo quería marcharse del lugar; eran las 6 de la tarde de un festivo, seguramente su turno ya había terminado y sus niveles de humanidad se le habían quedado en algún otro problema de autoridad.

El funcionario no les sostenía la mirada, solo les elevaba la voz, imponía su carácter de mando y los amenazaba hasta con una denuncia por ataque a servidor público; ellos solo querían explicarle, que él los escuchara, aunque al final eso no sirviera de nada.

Dicen no entender por qué les tembló la voz, las manos, el pulso, por qué esos niveles de nerviosismo cuando el señor de verde y amarillo les dijo: “su licencia y los documentos del vehículo”.

Graficaron una sensación como de las peores de la época de la violencia política en los 60s, sintieron frío, la muerte misma, se soñaron pasando la noche en una celda, su carro en los patios y con una deuda más grande que los costos de la casa en un mes.

El más mayorcito de los dos era el más indignado, seguro era el dueño del carro. Se refería muy despectivamente al agente como “ese hijueputa. Se creen los poderosos, pero no son ni mierda”. Me quedé sorprendido porque no coincidían esas canas y esas arrugas con los adjetivos.

Según el manual de pautas de comunicación del policía de tránsito con el ciudadano, el agente no debería infundir ni miedo ni temor o terror al ciudadano. Antes de aplicar las sanciones punitivas, ese documento ayuda al funcionario a “encontrar un justo equilibrio en la aplicación de las normas, con equidad y amabilidad”.

En un artículo de motor.com.co, que habla de este manual, dice que el policía de Transito debe evitar que los procedimientos “se conviertan en intolerancia, abuso de autoridad o falta de solidaridad para con el usuario de la vía”, pero parece que el ciudadano en general los ve de otra manera.

El comensal más joven relataba que en un viaje por carretera en Norte de Santander, como por allá en los 90s, los habían parado en un retén de la guerrilla, que al ser requisados con fuerza por los terroristas, vestidos de camuflado, con botas llenas de barro, armados y con cara de pocos amigos, ni siquiera había llegado a tener el 10% del miedo que le produjo la reacción de ese agente de tránsito.

¿Es posible que los ciudadanos del común le tengamos tanto miedo a estos funcionarios? ¿Qué los hace tan malos? ¿Por qué los conductores prefieren dar 100 vueltas más antes que pasar por una vía con un retén de control? ¿Por qué se piensa que siempre están buscando para el almuerzo o para cuadrar caja? ¿Por qué no parecen tener esa actitud de prevenir, controlar y educar, y mas bien sí la de llevar al límite al ciudadano?

Ese manual del que hemos hablado se basa en evitar la “intolerancia”, quiere decir que ellos mismos son conscientes de que su sola existencia, en vez de ser de protectores de las vías y defensores de las políticas públicas de movilidad, son potenciales causantes de infartos y crisis nerviosas.

Ojalá la “paz de Santos”, como irónicamente le llaman algunos en redes, también permita que dos actores justos de la vía puedan interactuar con respeto por ellos mismos, por la ley y por las normas, que evitaran tantos malos entendidos, así como lo harán quienes antes estuvieron en armas y los ciudadanos que sufrieron sus actos.

 

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2 comments on “El policía de tránsito como agente de miedo y terror
  1. pareciera q en la escuela les inflaran el ego y les dijeran q ellos son seres superiores… porque cuando un ciudadano les habla ni siquiera le miran y lo dejan hablando solos… yo los detesto…

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