Todas las emociones humanas en 19 horas: offroad

 

En realidad era una noche normal para una trocha nocturna de dos horas, como las que solemos hacer con los amigos de FJ Cruiser Colombia. Subimos 3 FJs, lo mínimo aconsejable en este tipo de actividades.

Empezamos a eso de las 7:30 p.m. en el Carulla del peaje de Patios. Ahí aprovechamos para comprar 2 botellas con agua y 4 barras energéticas, de sobra suficientes.

Incluíamos el abrigo normal para el frío, pero no para la lluvia, tampoco era necesario porque el ‘forecast’ era claro: noche despejada, no tan baja temperatura y cero agua.

Empezamos a subir por la vía vieja a Choachí, la que llaman ‘Santiamen’. Ahí, como a 20 minutos, pasamos la primera de 6 grandes pruebas para la práctica del 4X4 y nos sentimos confiados, porque en ese punto casi todos se devuelven.

Una a una fuimos sorteando con mediana habilidad cada uno de los puntos fuertes, con mucho esfuerzo y varias anécdotas logramos llegar hasta la última, esa donde al pasarla se acababa la trocha y empezaba el camino recebado hacia casa.

En el avance fuimos concluyendo que si bien podríamos pasar a la siguiente, no era una posibilidad regresar por ahí. Uno, porque fueron muy difíciles; dos, porque al pasar habíamos borrado las huellas del camino y profundizado los pozos de agua.

En la última etapa, si lográbamos cruzar regresaríamos con tan solo 4 horas de retraso, pero seguros; si no, debíamos regresar por la misma ruta que ya nos había consumido 6 duras horas, solo que ahora con una imparable lluvia, muy de madrugada, sin agua, sin víveres ni comunicaciones.

En ese punto, Adrián Espejo, presidente del club, se metió al foso con total decisión,  como lo hacen los experimentados trocheros: con el acelerador a fondo, pero resultó más profundo de lo que analizamos.

La FJ negra de Adrián quedó de cabeza, con el agua hasta la mitad de las puertas traseras. Tuvimos que usar dos camionetas con winche para poder sacarlo de ahí y ni así fue facil, ya que el peso del carro, más el agua y el barro podría ser de 5 veces su peso. Uno de los winches se quemó en la maniobra, ahora solo tendríamos dos para regresar.

Tras sacarlo de agua teníamos que girarlo para el regreso, otra cosa muy fregada porque el espacio solo era para ir en un sentido. Era un hecho que por ese lugar nadie iba a pasar y que tendríamos que regresar por donde entramos.

Al dar la vuelta todo se complicó, la lluvia había aumentado la altura de los fosos, estábamos cansados, mojados completamente, embarrados, las manos tiesas del frío, ya pasábamos de la camaradería a subir el tono de la voz, se acababa la buena onda y el humor, todos nos queríamos ir de ahí, pero no podíamos.

Los siguientes pasos dañaron otros dos winches, se rompieron los tiros de arrastre y las eslingas eran insuficientes. Ya eran las 4:30 AM.

En el primer foso, ya casi para salir y ver la luz, dos FJs logramos pasar con bastante dificultad, la tercera se quedó atascada en un sitio muy estrecho, hicimos todo lo imaginable para sacarla, TODO lo imaginable y fue en vano.

Cuando perdimos la batalla, decidimos bajar la montaña para regresar de frente y tratar de empujar en contra, pero la baja de agua por el camino era tan intensa que se convirtió en un jabón, no pudimos regresar con los carros y nuestro amigo Santiago se quedó arriba incomunicado. No teníamos cómo decirle lo que estaba pasando. 

Decidimos ir por ayuda a la carretera principal, ya empezaba a aclarar, pero era domingo y todos dormían, los despiertos no sabían cómo hacerlo o no querían. Fuimos hasta La Calera, al peaje, buscando alguien que tuviera un tractor. Todo esto mientras llamábamos a todos los colegas de clubes a ver si tenían alguna idea. Nada daba resultado.

Finalmente, solo hasta las 10 de la mañana logramos contactar a un tractor, pero estaba en Sopó y tardaría entre 3 y 5 horas en llegar al punto. El tiempo un factor de impotencia, sobre todo porque dos de los nuestros seguían atrapados en la montaña, sin saber qué pasaba con la ayuda.

Mientras tanto volvimos a la entrada de la trocha para intentar subir como fuera posible. Una de las camionetas se enterró, así que decidimos subir en un solo carro, pero a la mitad del camino perdió completamente la tracción, en los intentos, el alternador se dañó y ahí quedamos otra vez: los tres carros inutilizables.

El tractor llegó a las 2 de la tarde, el rescate duró otras 3 horas y la trocha se saldó en 19 horas. 

Con esta experiencia, les puedo decir que sentí, por primera vez, todos los miedos que enfrentar quienes salen en las películas de perdidos y rescates.

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